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jueves, 29 de junio de 2017

Alternativas al miedo, ¿tu modelo de clase es heterónomo o autorregulado?


El aprendizaje, en un sentido filosófico, es aquel proceso alquímico capaz de transformar a las personas de modo que puedan adquirir libertades y desarrollen conciencia de sí mismos, de los demás y del entorno en el que se desarrollan. La libertad individual permite elecciones responsables propias que pueden conducir a errores y de esa forma es posible el aprendizaje y la transformación legítima.
La libertad no es posible alcanzarla sin la existencia o el desarrollo de la autorregulación, la cual permite actuar (o no) con total albedrío dentro los límites autoimpuestos. Es muy importante la autorregulación porque está directamente relacionada a la motivación. Por ejemplo, no es lo mismo que el educador imponga un determinada tarea/proyecto al estudiante a que la misma sea diseñada en conjunto con él o mediante un proceso democrático dentro del aula. Los estudiantes al ser partícipes del diseño del aprendizaje, definen su propio camino y sus límites, y actúan motivados por sus propias decisiones.
¿Qué sucede en la realidad?
Los estudiantes y los educadores estamos acostumbrados a una relación heterónoma para desarrollar las clases que es herencia del modelo educativo del siglo XX.
Define heterónomo: Persona expuesta a un poder externo o ajeno que impide el desarrollo de su voluntad y naturaleza.
La educación heterónoma es aquella en la que el educador indica al estudiante lo que tiene que hacer y pone consecuencias o castigos a la falta de acción. Es decir que trata de motivar al estudiante en base al miedo. De esta forma crea dependencia y falta de autorregulación y libertad.
Hay que tener en cuenta que ser heterónomo (no tener libertad) es muy confortable tanto para el estudiante como para el educador. Es mucho más sencillo que me indiquen lo que tengo que hacer a tener que tomar mis propias decisiones, cometer errores y mejorar.
Se puede hacer un pequeño ejercicio para comprender el grado de dependencia del estudiante. Para esto simplemente debemos estar conscientes en una clase y relevar cuántas veces los estudiantes hacen alguna de estas preguntas: ¿Está bien lo que hice? ¿Está mal lo que hice?. Si son varias las veces y varios los estudiantes que hacen alguna de estas preguntas tendremos que mejorar la autogestión dentro de las clases.
¿Qué alternativas hay?
Escapar del modelo heterónomo en la clase no es tarea sencilla, es en realidad un cambio cultural. Por eso hay que estar consciente de que no va a pasar de un día para otro, sino que el conjunto de acciones a largo plazo pueden cambiar el modelo.
Dentro de las alternativas que se pueden llevar adelante en las clases para escapar al modelo heterónomo tenemos:

miércoles, 7 de junio de 2017

Hijos del rigor vs stress positivo en clase

Los educadores habitualmente en las clases queremos que nuestros alumnos alcancen un cierto nivel de autorregulación para el estudio y que esa competencia puede ser traspolada luego a otros aspectos de su vida. La realidad indica que existen algunos desafíos que afrontar cuando buscamos desarrollar la autorregulación. En primera medida la educación tradicional se basa en dos ciclos diferenciados de pasividad y actividad que no benefician el aprendizaje de la autorregulación. Estos dos ciclos son el de recibir información por parte del educador (clase) y el de reproducir la información (examen). Si bien la autorregulación también contiene esos ciclos de pasividad-actividad, estos son muchos más cortos y se activan o desactivan a través de un proceso consciente que es respuesta del propio estudiante y no por un estímulo externo.
La educación tradicional funciona con base en el “miedo” como motor de la motivación de los estudiantes. Es decir que cuando el educador quiere obtener una respuesta o espera una respuesta autónoma de sus estudiantes introduce alguna acción que los atemorice.
  • Si no estudian les va a ir mal
  • Sigan así y les voy a poner un cero
  • Pongan las barbas en remojo
Este tipo de acciones para motivar al estudiante son absolutamente nocivas y crean un ciclo vicioso del cual es difícil escapar. Los estudiantes se acostumbran a esperar las amenazas para actuar, de forma de evitar la confrontación con la propia personalidad; de la acción consciente.
¿Hay alguna alternativa?
Los que ejercemos la docencia sabemos que aplicar advertencias o generar miedo en los estudiantes es muy efectivo. Pero en el fondo también sabemos que esta forma de motivación no favorece el desarrollo de competencias e integridad en el individuo.
El stress positivo es una alternativa al modelo de advertencias/miedo en el cual se induce a los estudiantes a actuar por propia motivación como respuesta a un estímulo autoimpuesto generalmente por el colectivo y externo. Por ejemplo, un proyecto de ciencias en el cual se necesite hacer una presentación al público. Otro ejemplo sería aplicar los conceptos aprendidos para aplicar a un proyecto de la vida real que tenga significado o que mejore algún aspecto de la vida.
La esencia del stress positivo es proponer democráticamente una actividad que se asuma como un desafío positivo por el grupo y que permita salir a los estudiantes y educadores de la zona de confort. La zona de confort es aquella en la cual nos sentimos satisfechos con lo realizado o que es suficientemente cómoda para no buscar nuevas aventuras. Para salir de la zona de confort de forma positiva es necesario generar stress positivo, crear un desafío que moviliza internamente a las personas y que las pone en acción por propia motivación.
El stress positivo no tiene que ser negativo para el alumno sino una oportunidad para despertar, actuar y aprender por un proyecto que supera la clase.
Para generar stress positivo debemos tener en cuenta:
  • Crear un desafío poco tradicional que involucra lo aprendido en la clase.
  • El desafío debe ser previamente pensado por el educador pero los estudiantes lo refinan y se lo apropian.
  • Es mucho más eficiente cuando nace de una zona de confort y se proyecta como una gran posibilidad de acción, colaboración y aprendizaje.
  • Debe necesariamente surgir una idea de proyecto/acción que motive y que sea adoptada por todos (estudiantes y educadores) mediante un proceso democrático.
  • Debe involucrar, si es posible, a personas externas a la clase. La validación final de la experiencia hacia los alumnos se genera por estas personas que observan el proceso de aprendizaje y aplicación de lo aprendido desde afuera.